“Yo nunca voy a hacer lo que hizo mi mamá.”
“Jamás voy a tener una relación como la de mis padres.”
“Yo voy a hacer las cosas completamente distintas.”
Y años después podemos encontrarnos mirando nuestra propia vida y pensando:
“¿Cómo terminé otra vez acá?”
Repetir no significa que queramos sufrir.
Tampoco significa que no hayamos aprendido nada.
Las repeticiones humanas son mucho más complejas.
Aprendemos mucho antes de poder elegir
Nuestra primera experiencia de los vínculos ocurre dentro de una familia.
Ahí empezamos a aprender qué significa amar.
Qué hacemos cuando alguien se enoja.
Quién cuida a quién.
Qué lugar ocupa el conflicto.
Qué se puede decir.
Qué debe callarse.
Cómo se pide.
Cómo se recibe.
Cómo se pierde.
Muchísimo de eso se aprende antes de que podamos cuestionarlo.
Después crecemos y creemos estar eligiendo solamente desde el presente.
Pero nuestra historia también está sentada a la mesa.
La mirada sistémica agrega otra pregunta
Frente a una repetición, solemos preguntarnos:
“¿Qué tengo mal para seguir haciendo esto?”
Yo prefiero otra pregunta:
“¿Qué sentido pudo haber tenido esto alguna vez?”
Quizás aprendimos a ocupar determinado lugar para pertenecer.
Quizás ser fuertes fue necesario.
Quizás cuidar a los demás nos permitió sentirnos queridos.
Quizás aprendimos que amar significaba esperar.
Comprender el origen de una repetición no significa justificarla ni quedar atrapados en ella.
Significa empezar a verla.
El Tarot puede hacer visible una dinámica
Podemos colocar cartas para representar:
Yo.
La situación que se repite.
Aquello que intento conseguir a través de ella.
Aquello que temo perder si dejo de repetirla.
Y observar.
No buscando una respuesta mágica.
Mirando relaciones, posiciones, distancias y aquello que cada imagen despierta.
Porque hay algo importante:
no podemos elegir diferente aquello que todavía vivimos como si fuera nuestra única posibilidad.
Reconocer una repetición no cambia automáticamente nuestra vida.
Pero puede ser el momento en que dejamos de llamarla destino.
