CUANDO LA PREGUNTA QUE HACEMOS NO ES LA VERDADERA PREGUNTA

“¿Va a volver?”

“¿Me quiere?”

“¿Voy a conseguir ese trabajo?”

“¿Esta relación tiene futuro?”

Son preguntas absolutamente humanas.

Cuando algo nos importa, queremos saber qué va a pasar.

El problema aparece cuando creemos que esa es la única pregunta posible.

Porque muchas veces, detrás de la pregunta que hacemos, hay otra esperando.

Detrás de “¿va a volver?”

Imaginemos a alguien que consulta:

“¿Mi expareja va a volver?”

Podemos concentrar toda la lectura en intentar responderlo.

Pero también podemos abrir otras preguntas:

¿Qué hace que mi vida continúe detenida esperando que vuelva?

¿Qué significaría para mí que no regresara?

¿Qué estoy esperando que esa persona me dé?

¿Qué parte de mí quedó detenida en esa relación?

De pronto, el centro de la lectura cambia.

Ya no estamos intentando controlar lo que hará otra persona.

Estamos empezando a mirar qué podemos hacer nosotros.

Las preguntas también pueden devolvernos poder

Hay preguntas que dejan nuestra vida en manos de los demás:

“¿Me va a elegir?”

“¿Va a cambiar?”

“¿Va a darse cuenta?”

Y hay otras que nos devuelven un lugar:

¿Por qué necesito seguir esperando?

¿Qué estoy eligiendo yo mientras espero?

¿Qué necesitaría para poder tomar una decisión?

El Tarot puede utilizarse para buscar certezas sobre el futuro.

Pero también puede ayudarnos a formular preguntas mejores sobre nuestro presente.

Y, para mí, ahí empieza uno de sus usos más interesantes.

Porque quizás una buena lectura no sea aquella que nos dice exactamente qué va a pasar.

Quizás sea aquella después de la cual ya no necesitamos hacer la misma pregunta.

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