LAS CARTAS QUE NO QUEREMOS SACAR

Hay cartas que casi nadie quiere ver aparecer.

La Muerte.

La Torre.

El Diablo.

El Colgado.

Apenas salen, algunas personas preguntan:

“¿Eso es malo?”

Y quizás esa pregunta diga mucho de nuestra relación no solamente con el Tarot, sino también con la vida.

Queremos cartas buenas para situaciones buenas

Nos tranquilizan El Sol, La Estrella, El Mundo.

Y tiene sentido.

Pero una vida en la que solamente existieran esas experiencias sería una vida imposible.

Hay finales.

Crisis.

Contradicciones.

Deseos.

Pérdidas.

Momentos en los que algo tiene que caer.

Etapas en las que no podemos avanzar.

El Tarot contiene esas experiencias porque la vida también las contiene.

La Torre no provoca la caída

Una carta no crea aquello que representa.

La Torre no derrumba nuestra vida porque apareció sobre una mesa.

Puede, en cambio, invitarnos a mirar qué estructura ya no se sostiene.

La Muerte puede permitirnos hablar de un final.

El Diablo, de aquello que nos ata o deseamos.

El Colgado, de una detención que quizás necesitamos comprender.

Cuando dejamos de preguntar:

“¿Esta carta es buena o mala?”

podemos empezar a preguntar:

“¿Qué experiencia humana está representando?”

Y entonces cambia completamente nuestra relación con ella.

Elegí la carta que menos querés

Pensá cuál es la carta del Tarot que menos te gustaría encontrar en una lectura.

Buscala.

Ponela frente a vos.

Y en vez de preguntar qué anuncia, preguntale:

¿Qué representás que me cuesta tanto aceptar?

Después escribí durante cinco minutos sin corregirte.

Quizás la carta que más evitamos sea, algunas veces, la que contiene la conversación que más necesitamos tener.

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