¿Por qué una carta puede mostrarnos algo que todavía no podemos poner en palabras?

Hay momentos en los que sabemos que algo nos pasa, pero no sabemos exactamente qué.

Sentimos incomodidad.

Repetimos una situación.

Tenemos que tomar una decisión y no logramos hacerlo.

Nos encontramos reaccionando de una manera que ni siquiera nosotros comprendemos.

Y cuando alguien nos pregunta:

“¿Pero qué te pasa?”

la respuesta más sincera puede ser:

“No sé.”

No siempre nos faltan ganas de comprendernos. A veces nos faltan palabras.

Y ahí las imágenes pueden abrir una puerta diferente.

Antes de interpretar, mirar

Imaginemos que sacás una carta del Tarot.

Antes de buscar su significado, antes de pensar qué representa tradicionalmente, antes incluso de relacionarla con tu pregunta, algo de esa imagen ya produjo una reacción en vos.

Quizás hubo un personaje que llamó inmediatamente tu atención.

Un color.

Una mirada.

Una posición.

Algo que te gustó.

O algo que te produjo rechazo.

Dos personas pueden mirar exactamente la misma carta y detenerse en lugares completamente diferentes.

Una puede mirar a La Emperatriz y ver abundancia.

Otra puede sentir ternura.

Otra puede pensar en su madre.

Y otra puede sentir rechazo frente a esa misma figura.

La carta es la misma.

Lo que cambia es quién la está mirando.

Por eso, en un trabajo terapéutico con Tarot, muchas veces resulta más interesante empezar preguntando:

“¿Qué ves vos?”

antes que decir:

“Esta carta significa…”

Una imagen puede funcionar como un espejo

Las imágenes tienen una cualidad particular: permiten que aparezcan asociaciones que no siempre surgen cuando intentamos explicarnos racionalmente.

No porque las cartas tengan que saber algo secreto sobre nosotros.

Sino porque, frente a una imagen suficientemente abierta y simbólica, nuestra propia historia participa de aquello que vemos.

Proyectamos.

Asociamos.

Recordamos.

Sentimos.

Completamos.

Y en ese proceso puede aparecer algo que estaba presente, pero todavía no había encontrado palabras.

Probalo

Elegí una carta sin formular ninguna pregunta.

Mirala durante un minuto.

No busques su significado.

Después preguntate:

¿Qué fue lo primero que miré?

¿Qué parte de la imagen evité?

¿Qué siento frente a este personaje?

¿A quién o a qué me recuerda?

Si esta imagen pudiera decirme una sola frase hoy, ¿cuál sería?

Quizás no aparezca nada extraordinario.

No hace falta.

El trabajo no consiste en obligar a una carta a revelarnos algo.

Consiste en permitirnos mirar.

Porque algunas veces una imagen encuentra el camino hacia aquello para lo que todavía no habíamos encontrado palabras.


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