Imaginemos una pareja, Laura y Martín, que consulta porque se quieren, pero cada vez que tienen que tomar una decisión importante terminan discutiendo.
Laura siente que Martín nunca termina de comprometerse. Martín siente que, haga lo que haga, Laura siempre le exige un poco más.
En una tirada sistémica podríamos colocar una carta para cada miembro de la pareja y otras para explorar qué puede estar influyendo en el vínculo.
Las cartas que aparecen son:
Laura — La Emperatriz
Aparece como una mujer que sostiene, organiza, cuida y está pendiente de todo. Pero también puede mostrar una posición desde la que resulta difícil dejar que el otro haga a su manera.
Martín — El Colgado
Está detenido. Posterga decisiones, espera, duda. Cuanto más siente que Laura necesita que avance, más parece quedarse quieto.
Hasta acá podríamos pensar simplemente en una dinámica entre ellos: una empuja y el otro se frena.
Pero agregamos dos cartas más.
Familia de Laura — La Fuerza
Al explorar su historia aparece una familia de mujeres que tuvieron que poder con todo. Su abuela quedó sola muy joven. Su madre sostuvo económicamente a la familia durante años.
Laura aprendió algo que nunca nadie necesitó decirle:
“Si yo no me hago cargo, las cosas no funcionan.”
Y entonces su manera de amar también incluye hacerse cargo.
Familia de Martín — El Emperador
En su familia aparece una figura paterna muy autoritaria. Un padre que decidía, imponía y dejaba poco espacio para discutir.
Martín aprendió una respuesta completamente diferente:
frente a alguien que intenta decidir por él, se retira.
Entonces ocurre algo interesante.
Laura no está solamente discutiendo con Martín.
Y Martín no está respondiendo solamente a Laura.
En determinados momentos, cada uno reacciona desde aprendizajes construidos mucho antes de que esta pareja existiera.
Ella aumenta el control porque teme que, si no sostiene, todo se caiga.
Él se paraliza porque vive la insistencia del otro como una amenaza a su autonomía.
Cuanto más ella empuja, más él se retira.
Y cuanto más él se retira, más ella confirma que tiene que hacerse cargo.
La tirada no nos dice quién tiene razón ni determina que “la culpa es de las familias”. Nos permite hacer visible una dinámica que, hasta ese momento, podía estar ocurriendo de manera automática.
Podríamos cerrar incorporando una quinta carta:
Para la relación — Los Enamorados.
Y acá Los Enamorados no hablarían simplemente de amor.
Hablarían de elección.
De la posibilidad de empezar a preguntarse:
¿Podemos elegirnos como los adultos que somos hoy, en lugar de seguir respondiéndonos desde aquello que aprendimos en nuestras familias?
Eso es lo que me interesa de una mirada sistémica aplicada al Tarot: las cartas no vienen a decidir el destino de la pareja. Pueden ayudarnos a mirar qué está participando de ese destino sin que nos demos cuenta.
Y cuando algo puede verse, también aparece la posibilidad de hacer algo diferente.
